¿Porqué no funcionan las dietas?

¿Porqué no funcionan las dietas?

Vivimos en una sociedad obsesionada con el peso y las dietas. Estamos constantemente bombardeados por el ultimo producto que nos hará perder esos “kilos de mas”.Las dietas de moda nos llaman desde las revistas, libros, televisió… Paradójicamente cuantas mas dietas se hacen, mas obesidad hay.

La investigación médica ha probado que tan solo una pérdida del 5% del peso puede mejorar significativamente la salud. Con esta disminución se reduce el riesgo de hipertensión, diabetes, colesterol alto, enfermedades cardiacas, artritis y algunos tipos de cáncer.

Mucha gente hace dietas en respuesta a una presión social de acercarse a un cuerpo “ideal”. No hay nada malo por querer sentirse y verse mejor, pero las expectativas no realistas pueden conducir a intentar perder peso a pesar del coste que conlleve.

No importa cuál sea la motivación, lo más llamativo es que las dietas no son efectivas a largo plazo. Numerosos estudios coinciden en que de un 90% a un 95% de los que hacen dieta vuelven a coger el peso perdido.

Y ¿por qué no funcionan las dietas?

  • Por que son solo reglas.

El mensaje de la dieta es alto y claro: “Estas fuera de control, así que necesitas seguir nuestras reglas”. Esas reglas dictadas por algún experto en la materia o a veces no sabemos por quien, pueden recomendar contar calorías, intercambios o gramos, comer alimentos sustitutivos en forma de batidos o galletas, eliminar grupos enteros de alimentos – o combinaciones de algunos alimentos. Y por supuesto, las reglas cambian constantemente. No es extraño que la gente se sienta confusa.La mayoría de las dieta imponen reglas que la gente no pueden seguir por mucho tiempo.

  • Las dietas consumen tu energía

Planear y preparar comidas nutritivas es importante para una salud óptima, pero al hacer dieta esto se lleva al extremo. Puesto que las dietas se basan en reglas, se tiene que aprender y seguir el régimen indefinidamente para que la dieta sea eficaz. Uno se despierta por la mañana pensando en la comida, planificando lo que vas a comer durante todo el día, ¡incluso antes de salir de la cama! Puedes encontrarte pesando pechugas de pollo y midiendo la cantidad de leche que vas a tomar para asegurarte de que estás cumpliendo con las reglas. Puedes examinar cuidadosamente cada etiqueta del alimento para contar las calorías y asegurarte de que no hay ingredientes prohibidos. Incluso puedes evitar fiestas o ir a tu restaurante favorito para no estar tentado por los placeres pecaminosos que encontrarás allí. La ironía de ello es que comer en exceso fue la razón por la que se comienza una dieta,  y cuando estas a dieta no puedes pensar en otra cosa que no sea  la comida. En última instancia, este constante esfuerzo y vigilancia pueden machacarte y hacerte volver a comer en exceso para escapar de esta esfuerzo.

  • Las dietas causan atracones

La mayoría de las dietas se basan en la limitación de diversos alimentos de una u otra forma. Al principio de una dieta, uno se siente feliz y aliviado por tener control sobre su alimentación. Pero cuando tenemos alimentos prohibidos, sin embargo,  se empiezas a valorar más — como si estuvieran en un pedestal, fuera del alcance — y en consecuencia estos alimentos ganan más poder sobre ti. Cuando ciertos alimentos están restringidos, uno se puede empezar a sentirse privado de algo. Estos sentimientos de privación pueden causar fuertes antojos. ¿Recuerdas cómo anhelabas el pan caliente cuando estabas en una dieta baja en carbohidratos? Cuando finalmente sucumbes a estos deseos, te sientes culpable y fuera de control. Dejas la dieta e incluso te atracas con esos alimentos prohibidos Y luego, habitualmente llega la frustración al sentir lo difícil que es atenerse a las reglas de la dieta a largo plazo. Por supuesto, la mayoría de la gente que hace una dieta se culpa a si misma cuando no la cumple, pero en la realidad la culpa es de la dieta.

  • Las dietas no van al objetivo

Las dietas realmente no abordan las razones de porqué la mayoría de la gente come en exceso. Aunque sustituir apio por patatas fritas puede disminuir temporalmente las calorías, si estás comiendo patatas fritas porque estás aburrido, los palitos de apio no van a llenar el vacío tampoco. En consecuencia, cuando la dieta acaba (y lo hará, tarde o temprano), vas a volver a tus hábitos alimentarios anteriores porque nada cambió realmente. Acabaras teniendo pensamientos y sentimientos negativos respecto a ti mismo porque creerás que has fallado. Algunas personas logran atenerse a las reglas pero desarrollar una forma  de comer restrictiva en el proceso. Tienen que convertirse en expertos en ignorar el hambre y/o privarse de alimentos que les encantan para mantenerse en control. Se trata de un alto precio a pagar ya que se necesita mucha energía para comer sólo los llamados buenos alimentos y evitar los malos. En esta forma restrictiva de comer, comer conduce al conflicto y  la culpa, no al placer.

  • Las dietas nos desconectan de nuestra sabiduría interna

Las dietas dan por hecho que no tenemos capacidad de alimentarnos de una forma adecuada, por lo que se nos tiene que supervisar. Nos hacen no confiar en nuestra capacidad interna para elegir y comer bien. Algunas dietas no permiten comer cuando tienes hambre. Se deben seguir las normas acerca de cuándo, qué y cuánto comer; por lo tanto, una dieta desconecta a la persona de las señales innatas de su propio cuerpo de hambre y saciedad. Como resultado, no ejercitamos nuestra capacidad de saber lo que el cuerpo necesita. Las dietas no hablan de la importancia del hambre como una guía natural para Cuándo, qué y que cantidad de alimentos necesita tu cuerpo. Cuando se hace dieta, tienes que controlar, pero no eres responsable de lo que comes.

  • Las dietas son todo o nada. La vida no es así.

Aprovisionar de combustible al cuerpo es una reacción natural al hambre. Cuando se trata de perder peso, sin embargo,  se puede experimentar un conflicto entre lo natural y lo que piensas que se supone que hay que hacer. ¿Cuando estás delante de la nevera abierta, qué pasa por tu mente? “No debo comer eso, engorda mucho.” “Hmmm. Me pregunto cuántos carbohidratos tiene”. “Creo que debo comer esto porque es saludable, pero lo que realmente quiero es…”  Este enfoque de buena y mala comida es común y contribuye a luchar con la comida y el peso y además te hace sentir mal cuando no comes lo bueno. La gente a menudo etiqueta alimentos como buenos o malos para ayudarse a tomar decisiones saludables, pero requiere mucho esfuerzo el evitar los malos alimentos y consumir sólo los buenos.

  • Las dietas enlentecen tu metabolismo

Tu cuerpo necesita gestionar la diferencia entre el número de calorías consumidas y el número de calorías quemadas. Cuando tomas más combustible del que tu cuerpo requiere, creas un superávit. Este exceso se almacena como grasa corporal hasta que se necesite (si es necesario). Cuando tomas muchas menos calorías que las que tu cuerpo necesita, tu cuerpo toma algunas decisiones críticas. Cuando se corta el suministro de combustible, el cuerpo convierte sus tanques de reserva para utilizarlos como fuentes de energía. Inicialmente, consume glucógeno (carbohidratos almacenados) de los músculos y el hígado. Cuando esto se acaba comienza a descomponer ciertos tejidos, específicamente de grasas y músculo, para su suministro de energía.

En un estado de escasez de combustible o desnutrición, el cuerpo debe escoger qué celulas seguir apoyando y cuáles dejar caer. Las células que proporcionan actividades vitales toman prioridad. Las células musculares requieren energía, por lo que las que no se utilicen regularmente serán desechadas. Esta pérdida de músculo quemado para conseguir calorías es un golpe para el metabolismo. Cuando el suministro de alimentos sigue siendo bajo, las células también deben ser más eficientes. Intentan realizar su trabajo sin quemar tantas calorías, por lo que se adaptan al menor aporte calórico para gastar menos energía. Después de un período de privación de la energía, tu cuerpo también se vuelve más eficiente en el almacenamiento de grasa corporal porque la grasa es menos activa metabólicamente y proporciona una fuente de combustible extra. Esto hace más fácil que se pueda subir de peso y más difícil perderlo.

Cuando la dieta termina y regresas a tus hábitos anteriores, tu cuerpo reemplaza rápidamente sus reservas de grasa. A menos que estés activo haciendo ejercicio, no se reconstruirá la mayoría del tejido muscular que se perdió durante la dieta. En última instancia, esto puede causar que se tenga una baja tasa metabólica y así aumentar de peso más fácilmente. Igual de importante, cuando recuperas grasa en vez de musculo, tendrás un mayor porcentaje de grasa corporal que te pone en un mayor riesgo para ciertas enfermedades. Irónicamente después de una dieta restrictiva, muchas personas acaban con menos salud que antes de intentar bajar de peso. Por todas estas razones, la dieta normalmente conduce a dolor y decepción. Ya que está comprobado que la gente se mueve mas por lo que les proporciona placer y se esfuerza por evitar lo que les duele, no es sorprendente que las dietas no sean una solución eficaz a largo plazo para el control de peso.

 

Entonces…Si las dietas no funcionan, ¿que lo hace?

La verdadera solución es volver a aprender cómo usar sus patrones alimenticios innatos (la sabiduría interna) y comer de un modo que nutra su cuerpo. Volver a conectar con nuestras sensaciones de hambre y saciedad. Tomar conciencia de que nos lleva a comer y con esta toma de conciencia elegir una respuesta mas adecuada a nuestras necesidades. Conjugando esta sabiduría interna con la información nutricional a nuestro alcance podemos conseguir nuestro objetivo: perder peso pudiendo comer de todo y conseguir que esa perdida sea duradera.

Eva Gonzalez

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